Astrid Ortiz

Astrid Ortiz

23 feb 2026

Teriantropía, ¡qué ironía!

Nos burlamos del lobo… pero nadie habla del rebaño.

Por Astrid Ortiz.

La primera vez que leí sobre los Therian pensé:

“¿Hasta dónde estamos llegando como sociedad? ¿Qué tan mal psicológicamente tenemos que estar para tener estos pensamientos?” se los juro que no se me ocurrió otra cosa.

Para quien no lo tenga claro: los Therian (del griego thērion, bestia, y anthrōpos, humano) son personas que se identifican psicológica o espiritualmente con un animal real. No es lo mismo que los furries, que crean personajes antropomórficos, ni que los Otherkin, que se identifican con seres mitológicos. El Therian sabe que biológicamente es humano; su identificación es interna.

Algunos hablan de disforia de género o disforia de especie. Pa’ la raza, es cuando una persona no se siente identificado con lo que biológicamente es: hombre, mujer o en este caso ser humano).

También se habla de “miembros fantasma” (sentir cola, garras u orejas que no están ahí físicamente), “shifts” mentales donde sus instintos se alinean con su animal.

La psicología actual —según criterios como los del DSM-5— no lo considera automáticamente un trastorno si no hay pérdida de juicio de realidad ni deterioro funcional, pero nada de eso fue lo primero que pensé.

Luego pensé que esto tuviera que ver con una parafilia. Y sí, es mi preocupación más grande sobre esto. Son de esos pensamientos aterradores que, en cuanto los escuchas en tu cabeza, prefieres callarlos porque “no vaya yo a estar loca” y aparte qué miedo conocer a alguien así. Pero luego te das cuenta de que no eres la única persona que lo piensa, entonces la idea se te hace más presente… y da más miedo.

De ahí en adelante, el impulso fue reproducir y compartir todo el contenido que veía en redes sociales sin antes hacer una investigación de por medio, con el único fin de sacar las frustraciones que genera el juicio inicial.

Uno de los mensajes que compartí decía:

“Si uno de mis seres queridos se identifica como un perro, le daré croquetas, lo sacaré a pasear, le enseñaré a dormir, hacer sus necesidades y vivir en el patio, lo llevaré al veterinario cuando se enferme, y si ya no quiero ser una dueña responsable, lo dejo tirado en la calle”.

Ahora que considero tener un panorama más amplio, entiendo tres cosas.

La primera es que estoy absolutamente en contra del abandono animal. Esas acciones son verdaderamente de gente que no tiene madre. Desde ahí, el comentario que compartí ya no me representa, de hecho nunca lo hizo, lo que solamente refuerza el mal hábito de compartir por impulso.

La segunda es que cuando una persona se siente incomprendida —porque sí, los Therian suelen describir sentirse incomprendidos y solos— lo peor que puedes hacer es reaccionar poniéndote a la defensiva.

Muchas veces los padres no reaccionan con agresión por maldad, sino por miedo. Pero ponte a pensar: ¿cómo reaccionarías tú si, al expresar tu opinión sobre cualquier tema, en lugar de que tu entorno busque profundizar, adoptaran una actitud que te haga sentir atacado/a?.

Ese es el problema. No tenemos capacidad de comunicación asertiva. Ya ni hablar de debate y argumentación. No podemos hablar de política ni de religión en la mesa sin que “valga Burger”, como diría Luisito Comunica. Probablemente eso explica por qué muchas personas con identidades no convencionales se sienten solas e incomprendidas. No me funen, yo nomás digo.

La tercera cosa que entendí está en la parte más peligrosa del comentario: enseñar a una persona a realizar actividades que no van acorde a la naturaleza humana —comer alimento para animales, vivir entre tierra y excremento, exponerse a cambios drásticos de temperatura, aplicar medicamentos veterinarios— no solamente atenta contra la salud del Therian; atenta contra su vida, y de entrada, lo de los “periodicazos” y las exposiciones extremas ni siquiera deberíamos hacerlo con los animales.

Ahora pregúntate: ¿estarías dispuesto a ver morir lentamente a un ser querido por mala alimentación, mala higiene y otros factores sumados a un estilo de vida antinatural? Yo no.

Hay que tener cuidado con lo que decimos, incluso de broma. Ahorita todos nos estamos burlando mucho de los Therian. Burlarte de algo que no te atraviesa es muy fácil. Pero cuando lo tengas cerca —o cuando encarnes algo que otros no entienden— veremos si te ríes con la misma facilidad.

Y vaya que a mí me súper archi mega recontra encanta el humor negro. Pero no me reiría de pensar que este fenómeno pudiera estar relacionado con una parafilia o que pudiera haber personas que se aprovechen del término para dañar sectores vulnerables como los niños. Este es un tema serio y así considero que se debería tratar.

No me preocupa mi generación haciendo TikToks con máscaras y quadrobics. Me preocupa la falta de pensamiento crítico. Me preocupa que reproduzcamos tendencias sin analizar contexto. Me preocupa que compartamos memes por impulso. Me preocupa que cuando pregunto de dónde obtuvieron la información, la respuesta sea: “lo vi en TikTok”. Y me preocupa no haber estado exenta de eso.

Podría decir que esto es una estrategia elegante para disfrazar problemas emocionales o psicológicos. Pero prefiero anteponer la ciencia a mi opinión subjetiva. No me identifico, no lo entiendo —como tampoco entiendo la disforia de género—, pero no entender algo no me da automáticamente la razón.

Si un adulto funcional dice: “En mi mundo interno soy un lobo y eso me hace feliz”, la psicología sostiene que mientras no se haga daño ni a sí mismo ni a otros, no hay un problema clínico. No lo entiendo. Trataría de no juzgar. Aunque hace unos días ya lo hice.

Quizá el verdadero problema no es que alguien se sienta lobo.

Quizá el problema es que como sociedad reaccionamos primero, investigamos después y pensamos al final.




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