Nos burlamos del lobo… pero nadie habla del
rebaño.
Por Astrid Ortiz.
La primera vez que leí sobre los Therian pensé:
“¿Hasta dónde estamos llegando como sociedad?
¿Qué tan mal psicológicamente tenemos que estar para tener estos pensamientos?”
se los juro que no se me ocurrió otra cosa.
Para quien no lo tenga claro: los Therian (del
griego thērion, bestia, y anthrōpos, humano) son personas que se identifican
psicológica o espiritualmente con un animal real. No es lo mismo que los
furries, que crean personajes antropomórficos, ni que los Otherkin, que se
identifican con seres mitológicos. El Therian sabe que biológicamente es
humano; su identificación es interna.
Algunos hablan de disforia de género o disforia
de especie. Pa’ la raza, es cuando una persona no se siente identificado con lo
que biológicamente es: hombre, mujer o en este caso ser humano).
También se habla de “miembros fantasma” (sentir
cola, garras u orejas que no están ahí físicamente), “shifts” mentales donde
sus instintos se alinean con su animal.
La psicología actual —según criterios como los
del DSM-5— no lo considera automáticamente un trastorno si no hay pérdida de
juicio de realidad ni deterioro funcional, pero nada de eso fue lo primero que
pensé.
Luego pensé que esto tuviera que ver con una
parafilia. Y sí, es mi preocupación más grande sobre esto. Son de esos
pensamientos aterradores que, en cuanto los escuchas en tu cabeza, prefieres
callarlos porque “no vaya yo a estar loca” y aparte qué miedo conocer a alguien
así. Pero luego te das cuenta de que no eres la única persona que lo piensa, entonces
la idea se te hace más presente… y da más miedo.
De ahí en adelante, el impulso fue reproducir y
compartir todo el contenido que veía en redes sociales sin antes hacer una
investigación de por medio, con el único fin de sacar las frustraciones que
genera el juicio inicial.
Uno de los mensajes que compartí decía:
“Si uno de mis seres queridos se identifica
como un perro, le daré croquetas, lo sacaré a pasear, le enseñaré a dormir,
hacer sus necesidades y vivir en el patio, lo llevaré al veterinario cuando se
enferme, y si ya no quiero ser una dueña responsable, lo dejo tirado en la
calle”.
Ahora que considero tener un panorama más
amplio, entiendo tres cosas.
La primera es que estoy absolutamente en contra
del abandono animal. Esas acciones son verdaderamente de gente que no tiene
madre. Desde ahí, el comentario que compartí ya no me representa, de hecho
nunca lo hizo, lo que solamente refuerza el mal hábito de compartir por impulso.
La segunda es que cuando una persona se siente
incomprendida —porque sí, los Therian suelen describir sentirse incomprendidos
y solos— lo peor que puedes hacer es reaccionar poniéndote a la defensiva.
Muchas veces los padres no reaccionan con
agresión por maldad, sino por miedo. Pero ponte a pensar: ¿cómo reaccionarías
tú si, al expresar tu opinión sobre cualquier tema, en lugar de que tu entorno
busque profundizar, adoptaran una actitud que te haga sentir atacado/a?.
Ese es el problema. No tenemos capacidad de
comunicación asertiva. Ya ni hablar de debate y argumentación. No podemos
hablar de política ni de religión en la mesa sin que “valga Burger”, como diría
Luisito Comunica. Probablemente eso explica por qué muchas personas con
identidades no convencionales se sienten solas e incomprendidas. No me funen,
yo nomás digo.
La tercera cosa que entendí está en la parte
más peligrosa del comentario: enseñar a una persona a realizar actividades que
no van acorde a la naturaleza humana —comer alimento para animales, vivir entre
tierra y excremento, exponerse a cambios drásticos de temperatura, aplicar
medicamentos veterinarios— no solamente atenta contra la salud del Therian;
atenta contra su vida, y de entrada, lo de los “periodicazos” y las
exposiciones extremas ni siquiera deberíamos hacerlo con los animales.
Ahora pregúntate: ¿estarías dispuesto a ver
morir lentamente a un ser querido por mala alimentación, mala higiene y otros
factores sumados a un estilo de vida antinatural? Yo no.
Hay que tener cuidado con lo que decimos,
incluso de broma. Ahorita todos nos estamos burlando mucho de los Therian.
Burlarte de algo que no te atraviesa es muy fácil. Pero cuando lo tengas cerca
—o cuando encarnes algo que otros no entienden— veremos si te ríes con la misma
facilidad.
Y vaya que a mí me súper archi mega recontra encanta
el humor negro. Pero no me reiría de pensar que este fenómeno pudiera estar
relacionado con una parafilia o que pudiera haber personas que se aprovechen
del término para dañar sectores vulnerables como los niños. Este es un tema
serio y así considero que se debería tratar.
No me preocupa mi generación haciendo TikToks
con máscaras y quadrobics. Me preocupa la falta de pensamiento crítico. Me
preocupa que reproduzcamos tendencias sin analizar contexto. Me preocupa que
compartamos memes por impulso. Me preocupa que cuando pregunto de dónde
obtuvieron la información, la respuesta sea: “lo vi en TikTok”. Y me preocupa
no haber estado exenta de eso.
Podría decir que esto es una estrategia
elegante para disfrazar problemas emocionales o psicológicos. Pero prefiero
anteponer la ciencia a mi opinión subjetiva. No me identifico, no lo entiendo
—como tampoco entiendo la disforia de género—, pero no entender algo no me da
automáticamente la razón.
Si un adulto funcional dice: “En mi mundo
interno soy un lobo y eso me hace feliz”, la psicología sostiene que mientras
no se haga daño ni a sí mismo ni a otros, no hay un problema clínico. No lo
entiendo. Trataría de no juzgar. Aunque hace unos días ya lo hice.
Quizá el verdadero problema no es que alguien
se sienta lobo.
Quizá el problema es que como sociedad
reaccionamos primero, investigamos después y pensamos al final.

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